Hacia tiempo que no viajaba en el autobús urbano de Alicante. Y como tenía que ir al centro a resolver varias cosas, y no me apetecía buscar aparcamiento más de una hora decidí coger el 23.
La verdad es que te das cuenta de la diferencia entre ir en coche e ir en autobús. Con la segunda opción, si eres observador, puedes aprender mucho del resto de las personas.
Como es normal la mayoría de la gente mayor utiliza mayoritariamente este transporte, y quieras que no es gente que ha vivido mucho.
Anciano: ¿Sabes lo que había ahí? (Señalando la ladera que hay junto a la entrada de Alicante por el Plaza Mar).
Acompañante: Un campo de fútbol…
Anciano: No, ahí había (de repente clava su mirada en mis ojos, sabiendo que me picaba la curiosidad de lo que podía decir) un campo de concentración…
Acompañante: No lo sabía.
Anciano: La verdad es que no sé como conseguí salir de allí, murió tanta gente…
Me hubiese encantado poder haber escuchad
o todas las historias de aquel anciano tan entrañable.
Al rato entraron unas chicas de al rededor de 15 años con una especie de trabajo de plástica. Eran como las cabezas de unos maniquis. No tenían pelo, pero si que estaban firmadas por los compañeros de clase. En todas las dedicatorias decían cosas bonitas de la gente que las llevaba…
Tia me caes de puta madre…
Tia no se como no te he conocido antes…
La verdad que cuando somos adolescentes, siempre ponemos cosas agradables a la gente cuando firmábamos en las agendas, aunque la persona que lo leyera el resto del año nos cayera fatal. Pero así nos aseguráramos que en nuestra agenda aparecerían cosas igual de bonitas e igual de falsas.
¡Que vida!


