Salio de noche, solo, sin nadie que le acompañará…
Sentía como treinta años habían pasado por su vida.
Habían pasado.
Pero no habían sido aprovechados.
Se sentía perdido.
Sabia que había quedado.
Pero desconocía el rumbo.
Ella no reaccionaba, no decía nada, nunca tenía tiempo para él. Él no quería el tiempo que marcaba los relojes, quería el tiempo que marcaban las sonrisas. Sonrisas que ella le había dado. Dado que solo tenia dos caras. Y como en las monedas él había apostado por cruz.
El quería reaccionar, y lo decía todo, nunca tenía tiempo para ella. Ella menospreciaba el tiempo que marcaba las sonrisas, quería el tiempo que marcaban los relojes. Relojes que marcaban los días. Días en los que ella acumulaba dudas. Dudas convertidas en nieve.
[...]
Habían pasado las horas y se encontró vomitando el rencor en la ducha. Vestido de fiesta y meando en un baño público. A su lado estaba ella agarrando la cabeza, los dos tirados en un portal. Seguía cayendo nieve.
Él esperaba su tiempo.
Ella esperaba su tiempo.
Los dos se quedaron sin tiempo.


